TITULO: "EL ESPECTRO DE ZAPATA"
AUTOR: JOSÉ GUADALUPE POSADA
TÉCNICA: GRABADO

"El Espectro de Zapata. Corrido Suriano"
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TELS:52200158, 24873194 Y 24873195 CIUDAD DE MÉXICO
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Autor: José Guadalupe Posada, S/F, Técnica: Grabado, Medidas 28.5 x 20.5 cm.
Tip. de la Tesl. de A. Vanegas Arroyo, 2a Sta. Teresa 40. A.E.

"El Espectro de Zapata. Corrido Suriano"(detalle)
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Corrido Suriano.
"Señores, voy a cantar
Un horrible sucedido,
Que pocos habrán sabido
Y muchos han de ignorar.
En cuautla Morelos hubo
Un hombre muy singular,
Que bajo su mando tuvo
A las gentes del lugar,
Fué amado por los vecinos
Fué tenido como jefe,
Y no hay uno que se deje
Auitarlo de sus caminos
Justo es que les diga ya
Hablándoles, pues, en plata,
Era Emiliano Zapata
Muy querido por allá.
Su fama. (triste por cierto)
Las Américas cruzó
Y el mundo se sorprendió
Al saberse que fué muerto.
Las ardillas y las tuzas,
Las liebres y hasta el tejón;
Sus trampas y escaramuzas
Era su mejor lección.
Que lo digan los vecinos
Que nunca le alzaban pelos
Si conocía los caminos
De todo Cuautla Morelos.
Los Federales quisieron
Darle alcance y se cansaron
Los maderistas siguieron
Y tampoco lo lograron.
Huerta, que era muy entrón
Le pisaba los talones.
Pero el otro le enseñó
Que tenía muchos . . . . . . calzones
Y en fin, el actual gobierno
Sin andarse con rodeos
Le dió sopa de . . . . . . fideos
Y lo despachó al infierno.
Su cuerpo al fin sepultaron
Llenos de júbilo y gozo
Y mucho, muchos lloraon
Por sus culpas y reposo.
Pero su alma persevera
En su ideal "Libertador"
Y su horrenda calavera
Anda en penas . . . . ¡oh, terror!
Tal constancia a todos pasma;
De la noche en las negruras,
Se vé vagar su fantasma
Por los montes y llanuras.
Se oyen sonar sus espuelas,
Sus horribles maldiciones,
Y, rechinando las muelas,
Creé llevar grandes legiones'
Extiende yerta mano
Y su vista se dilata . . . . .
Recorre el campo suriano
El expectro de Zapata."
Nota: redacción retomada fielmente del documento original (El Espectro de Zapata. Corrido Suriano), tanto en su gramática, puntuación y ortografía.
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José Guadalupe Posada
José
Guadalupe Posada (1852-1913), célebre por sus dibujos y grabados sobre la
muerte, hacía trabajos de imprenta, trabajos publicitarios y comerciales,
ilustró libros e imprimió carteles, hacía retratos de personajes históricos
e imágenes religiosas.
La caricatura política era su pasión, registraba los sucesos extraordinarios y
de la vida cotidiana a las que le agregaba notas humorísticas; sus caricaturas
eran adornadas con viñetas con arabescos y ornamentos vegetales.
Precedido de su prestigio con la litografía y el grabado, trabajó y fundo periódicos
de gran importancia con una producción nacionalista y popular.
Sus altas dotes imaginativas y su habilidad para manejar el grabado, lo llevó a
desarrollar nuevas técnicas de impresión con el cual fue posible ampliar su
notable obra, que puede calcularse en unos 20 mil grabados. Lo mismo ocurrió
con sus ediciones de corridos, oraciones y juegos, tirajes de cuando menos 5
millones de ejemplares que llegaron hasta los rincones más apartados de la república.
Posada ayudo en la consolidación de la fiesta del Día de Muertos, pues fue el
artista que mejor interpretó la vida y las actitudes sociales del pueblo
mexicano, representándola en sus grabados con calaveras vestidas de gala,
calaveras en fiestas de barrios, en calles citadinas, en las casas de los ricos.
Dibujaba calaveras montadas en caballos, en bicicletas, recreadas en humorístico
festín macabro -histriónico y satírico-. Por medio de ellas señalaba las
lacras, las miserias y los errores políticos, y a los políticos tiranos y
ambiciosos, lo que le valió muchas veces estar en la cárcel.
Posada murió pobre, igual como nació. Fue sepultado en una fosa de sexta clase
en el Panteón Dolores, en la Ciudad de México. Sus restos que nadie reclamó
fueron arrojados 7 años después a una fosa común, "en compañía de
otras calaveras anónimas".
No obstante este hecho, su obra influyó en artistas posteriores como José
Clemente Orozco, Diego Rivera, Francisco Díaz de León, Leopoldo Méndez, etc.
Es considerado precursor del movimiento nacionalista en las Artes Plásticas y
de su obra se han hecho exposiciones nacionales e internacionales, además de
que muchos de sus grabados aun son reproducidos.
Referencia Información, Internet (noviembre 2004)
www.acabtu.com.mx/diademuertos/posada.html
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20 de enero de 1913.- Muerte del grabador José
Guadalupe Posada Aguilar
Sabías Que…
En la ciudad de Aguascalientes vio la primera luz el grabador José Guadalupe Posada Aguilar, el 02 de febrero de 1852?
Cirilo Posada Aguilar, hermano de Guadalupe y maestro rural, le enseñó las primeras letras?
El dibujo, la litografía y el grabado, actividades para las cuales Posada tenía disposición, las aprendió en el taller de Trinidad Pedroso?
La interpretación satírica que hacía de la vida política de su ciudad natal, Aguascalientes, le obligaron a huir y dirigirse a León?
José Guadalupe y el maestro Pedroso establecieron una imprenta en León Guanajuato, de donde salieron numerosos trabajos: impresión de carteles, ilustración de libros, imágenes religiosas, etc., todos con el toque personal de Posada Aguilar?
Este grabador expresionista, fue maestro de litografía en la Escuela de Instrucción Secundaria de la ciudad de León?
Sin proponérselo, José Guadalupe Posada contribuyó a la renovación del arte en México, el que se proyectaría hacia el muralismo?
Sus primeros dibujos aparecieron en el periódico El Jicote, con una definida tendencia a la crítica política?
José Guadalupe Posada logró captar con intenso realismo la vida del pueblo y las inquietudes sociales que se dieron durante los gobiernos de Porfirio Díaz?
A partir de 1900, colabora en diversos periódicos: El Argos, la Patria, el Ahuizote, El Hijo del Ahuizote, etc., la mayoría de ellos en abierta oposición a la dictadura porfirista?
Entre su valiosa obra destacan las calaveras, cuyos personajes toman el puesto de los vivos y así burlarse de la vida y de la muerte?
La herramienta de trabajo de Posada era el punzón y sus materiales, la madera, el zinc u otro metal?
El genial grabador que dejara una valiosa crónica de la etapa en que vivió, mediante sus grabados, no tuvo el reconocimiento a su labor artística en vida?
Murió en la pobreza y su cuerpo inerte fue arrojado a la fosa común, el 20 de enero de 1913, en la ciudad de México?
Referencia Información, Internet (noviembre 2004)
http://www.redesc.ilce.edu.mx/redescolar/efemerides/enero/conme20.htm
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JOSÉ GUADALUPE POSADA
Fue un creador de riqueza inagotable, grabador artístico e intérprete del dolor, la alegría y el sentir del pueblo de México en época de cambios. Grabó más de 15,000 dibujos, según Vanegas Arroyo (editor de la época).
Precursor de Flores Magón, Zapata y Santanón, guerrillero de hojas volantes,y heróicos periódicos de oposición. Ilustrador de cuentos e historias, canciones y plegarias de la gente pobre. Combatía tenazmente, desde un taller instalado en una cochera al flanco de la iglesia de Santa Inés, y de la academia de San Carlos (detrás del Palacio Nacional).
Está tan integrado al alma popular de México, su vida y su obra trascienden a las venas de los artistas mexicanos, cuyas obras brotan gracias a su ejemplo.
En realidad la obra de Posada es un resumen de la vida social de los mexicanos. Los valores plásticos que tiene su obra son los más esenciales y permanentes de su obra. La composición, de un extraño dinamismo, mantiene el equilibrio de los claros y oscuros en relación a la superficie del grabado, que es la calidad máxima del Arte Clásico Mexicano; es decir, el pre-cortesiano.
Del Arte Clásico Mexicano es propio también el amor al carácter y el empleo, a la vez terrible y drolático, de la muerte, convertida en elemento plástico.
La muerte que se volvió calavera, que pelea, se emborracha, llora y baila. La muerte familiar, la muerte que se transforma en figura de cartón articulada y que se mueve tirando de un cordón.
La muerte como calavera de azúcar para engolosinar a los niños, la muerte parrandera que baila en los fandangos y nos acompaña a llorar el hueso en los cementerios, comiendo mole, bebiendo pulque junto a las tumbas de nuestros difuntos.
La muerte que es, en todo caso un excelente tema para producir masas contrastadas de blanco y negro. Todas son calaveras, desde los gatos y garbanceras, hasta Don Porfirio y Zapata, pasando por todos los rancheros, artesanos y catrines, sin olvidar a los obreros, campesinos. Seguramente ninguna burguesía ha tenido tan mala suerte como la mexicana por haber tenido como relator justiciero de sus modos, acciones y andanzas, al grabador genial e incomparable Guadalupe Posada.
Nació en la ciudad de Aguascalientes el 2 de febrero de 1852. Su padre Germán Posada –panadero– y su madre Petra Aguilar, procrearon 6 hijos: José Ma. de la Concepción (1832), José Cirilo (1839), José Bárbaro (1843), José Guadalupe (1852), Ciriaco (1856), y María Porfiria (1858).
José Cirilo recibió educación y llegó a ser maestro de escuela y con él José Guadalupe aprendió a leer y a escribir, en el barrio de San Marcos.
Desde muy pequeño le gustaba dibujar y a los 18 años entró de aprendiz en un taller litográfico de Don Trinidad Pedroza (1868). En la revista “El Jicote” una revista de tipo joco-seria hace Posada sus primeras caricaturas políticas. Los políticos de la época se molestaron y “el jicote” desaparece. Pedroza y Guadalupe deciden cambiar de lugar, León, Guanajuato, es su siguiente destino, donde ambos se dedicaron a la litografía comercial. Etiquetas, invitaciones, bolos, tarjetas y estampitas religiosas era la mayor producción.
En 1875 Posada se casa. Don Trino Pedroza le vende el taller. En 1888, León, sufre la peor inundación de su historia, y Posada lo pierde todo. Decide entonces irse a la capital. Llega a México y conoce a Manuel Manilla, artista y grabador igual que él. Éste lo presenta a su patrón, el editor más reconocido que había en la ciudad, Antonio Vanegas Arroyo. Manilla fue el creador de las calaveras “madres” de las que se inspiró Posada para realizar su gran obra, además del apoyo que le dió para abrirse paso.
Venegas, reconociendo la calidad del grabador Posada y dándose
cuenta de que el arte le fluía por su sangre, lo dejó en libertad de crear lo
que quisiera y sintiera. Venegas como ilustrador, Constancio Suárez
(poeta oaxaqueño), y Posada como ilustrador, formaron un trío
incomparable, que llenó toda una época en nuestro país.
Sin dejarse engañar por el oropel porfiriano, Posada vio la realidad y la pintó magistralmente en mil formas, como dibujante, como grabador, y como caricaturista, lleno de un humor mordaz e incisivo.
El hambre del pueblo, la explotación del campesino, la brutalidad de la policía, y el ejército, la farsa electoral... todo quedó expuesto en su obra. Y finalmente sus calaveras, la máxima creación de su obra y por la cual vive en nuestra memoria. Artista del pueblo y para el pueblo, Posada comprometió su arte e hizo caricaturas políticas en El ahuizote, Fray Gerundio, El hijo del Ahuizote, La patria y El fandango, de abierta posición antiporfirista.
Después de tanto jugar con la muerte su novia, ésta le dio el “sí”, y se lo llevó...
El 20 de enero de 1913 Posada muere de enteritis aguda y es sepultado en el panteón Dolores, en fosa de sexta clase, y como nadie reclamó sus restos en 7 años, sus restos fueron exhumados y arrojados a la fosa común. De esa manera, el ilustre hacedor de huesos y calacas, yace hoy revuelto entre los huesos y calaveras del pueblo que tampoco tuvo con qué pagar su perpetuidad.
En 1930 Diego Rivera y Jan Charlot “descubrieron” a Posada, cuando se inició el rescate de su obra se dio a conocer a todo el mundo, el genio del grabado que había dado este país a la historia del arte...
Referencia Información, Internet (noviembre 2004)
http://www.promocultur.com/posada/
José Guadalupe Posada (1852-1913)
Nació en la Ciudad de Aguascalientes, Estado de
Aguascalientes, México. Inicialmente, trabajó como maestro de litografía en
su estado natal y a los 37 años de edad, se mudó a la Ciudad de México, donde
trabajó como ilustrador de periódicos con orientación nacionalista y popular.
En la casa editorial Vanegas Arroyo contribuía a la ilustración de hojas con
textos de los corridos de la época que se vendían en las ferias y fiestas
populares.
Posada tiene una producción prolífera de dibujos, carteles y grabados que en
su época, fue muy bien difundida por medio de tirajes de suman cuando menos 5
millones de ejemplares repartidos en todas las regiones de la república.
Sus bien conocidos grabados representan, sobre todo,
calaveras y esqueletos en contextos políticos, sociales y morales. Sus grabados
a menudo son relacionados con el Día de los Muertos, aún que originalmente
tuvieron una intención más amplia y satírica, señalando los errores políticos,
la miseria en que vivía el pueblo y a los políticos tiranos y ambiciosos. Por
ello, muchas veces fue encerrado en la cárcel.
Posada murió pobre y fue sepultado en una fosa de sexta clase en el Panteón
Dolores, en la Ciudad de México. Posteriormente, sus restos fueron arrojados a
una fosa común.
La obra de Posada se puede clasificar como precursora del movimiento
nacionalista en las artes plásticas e influyó en artistas, tales como Diego
Rivera, José Clemente Orozco, Francisco Díaz de León y otros.
Referencia Información, Internet (noviembre 2004)
http://www.infomorelos.com/galevirt/posada.html
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JOSÉ GUADALUPE POSADA, PERSONAJE IMPRESCINDIBLE EN LA HISTORIA DEL ARTE MEXICANO
"En planchas de metal, planchas de madera o en piedras tipográficas, entre cambios técnicos de litografía o grabado de madera o metal, Posada, sin aspiraciones didácticas, se dirige a un público, básicamente iletrado, que antes de él existía de modo distinto y cuyas nociones de realidad o irrealidad se afinan en la contemplación de sus grabados", escribió Carlos Monsiváis en el catálogo de la exposición Posada y la prensa ilustrada: signos de modernización y resistencias.
Y agrega: "Traza la primera imagen de conjunto, el primer aluvión de acercamientos al México popular que el siglo XIX genera y la Revolución encumbrará durante dos décadas extraordinarias". Ello en la técnica de la litografía —implantada en 1826 por Claudio Linati—, factor importante en la transformación de la sociedad y en la edificación de la nacionalidad. Así, bajo este medio de expresión masivo, emergen las preocupaciones humanitarias y el sentido de labor artística de este distinguido mexicano.
Personaje imprescindible en la historia del arte nacional, Posada y su obra son nuevamente tema de una exposición, esta vez con José Guadalupe Posada: Una tradición mexicana. 146 aniversario de su nacimiento, la cual se abrirá al público el próximo martes 17 de febrero en el Museo Nacional de la Estampa del Instituto Nacional de Bellas Artes.
José Guadalupe Posada nació el 2 de febrero de 1852 en San Marcos, Aguascalientes. En 1871 publicó sus primeras caricaturas en el periódico El Jicote, medio de difusión de las ideas liberales con una propuesta didáctica y moralista que combatía la injusticia, la dictadura y los abusos de poder, entre otros temas, y que rápidamente conquistó al público de su ciudad natal.
En 1887 estableció su propio taller litográfico en la capital de la República. A partir de esta fecha Posada emprendió un trabajo que le valió la aceptación y admiración del pueblo, por su sentido del humor y su propensión hacia lo dramático. Sin embargo, en 1923, a 10 años de su fallecimiento, fue el francés Jean Charlot quien lo descubrió en su verdadera dimensión. Desde entonces, su presencia es, y ha sido, frecuente en la Escuela Mexicana del siglo XIX, e influyó en la obra de Orozco, Rivera, Fernández Ledesma, Méndez, O'Higgins y Zalce, así como en el Taller de la Gráfica Popular, entre otros.
Además de temas políticos, el artista recreó con su ingenio corridas de toros; juegos de salón; silabarios; cancioneros; novenarios; estampería religiosa y patriótica; cuentos infantiles; carteles de toros, teatro y circo; naipes; planos y anuncios comerciales. No obstante, sus obras más reconocidas son las calaveras, principalmente La Catrina.
Con el tiempo, llegó a trabajar en publicaciones como La Patria Ilustrada y la Revista de México, de Ireneo Paz; La Gaceta Callejera, de Antonio Vanegas Arroyo; el Fandango y La Matraca del Fandango; y en el Gil Blas y El Popular, de Francisco Montes de Oca, entre otras, que aumentaron su prestigio como artista innato.
A pesar de tener escasa formación académica, en su producción se aprecia la influencia de José María Villasana —quien estimuló su talento—, Daniel Cabrera Infante, Eugenio Olvera Medina y Jesús Martínez Carrión.
Algunos de sus personajes más famosos son el Padre Cobos, Don Chepito Marihuano, Doña Caralampia Mondongo, La Calavera Catrina y sus reconocidas calaveritas, la primera de las cuales pintó en 1889, tradición que continuó hasta 1913 en que hizo la última, personificándola en la imagen de Francisco I. Madero. Posada falleció el 30 de enero del mismo año.
En 1925, a los 12 años de su muerte, el nombre y las obras de José Guadalupe Posada desempeñaban una función en la política cultural que estaba transformando el movimiento artístico por la mexicanidad en un programa más grande, relacionado ampliamente con el trabajo de los muralistas.
Referencia Información, Internet (noviembre 2004)
http://www.cnca.gob.mx/cnca/nuevo/reporta/joseguad.html
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José Guadalupe
Posada (1852-1913)
Nació en San Marcos, Aguascalientes, el 2 de febrero de 1852.
Su padre fue don Germán Posada Serna y su madre doña Petra Aguilar Portillo.
De familia humilde, fue educado por su hermano José Cirilo, maestro del barrio
de San Marcos y a quien ayudaba haciendo "monos" para ilustrar sus
clases.
Continúa su preparación en la Academia de Artes y Oficios, y ya para
1867, Guadalupe Posada es registrado con "oficio de pintor" en el Padrón
General de Vecinos. Ilustra con José Trinidad Pedroza, tipógrafo y editor de
periódicos, la crítica al gobierno de Jesús Gómez Portugal, así como el
"Quijote". Ambos emigran a la ciudad de León con el afán de librarse
de las posibles represalias. Se instalan en un taller pequeño que finalmente
queda en manos de Posada. Asentado en León, contrae matrimonio con María de
Jesús Obregón Vela en 1875, y es contratado como maestro en la Escuela de
Instrucción Secundaria. Es en esta etapa cuando publica el periódico escolar
"La educación", realizado por alumnos de la escuela.
Más tarde se traslada a la capital del país y monta un
taller de grabado. Aprende más del oficio, en técnicas de grabado en plomo y
zinc, de Manuel Manilla. A partir de entonces ilustra volantes que se publican
"cuando los acontecimientos de sensación lo requieran". Además
incursiona en la historieta con "Don Chepito, el mariguano", ilustra
la Biblioteca del Niño, diseña el juego de la oca, las serpientes y escaleras,
la oca taurina, y otros pasatiempos infantiles.
El trabajo de Guadalupe Posada se destinó principalmente a la ilustración de
cuentos, canciones, historias, relatos y sucedidos de actualidad, que en forma
de corridos eran impresos y vendidos de manera popular en múltiples plazas y
jardines. Rápidamente sus ilustraciones fueron aceptadas y reconocidas en
la ciudad de México.
José Guadalupe Posada murió, sólo y pobre, el 20 de enero de 1913 en la casa
número 6, de la calle de La Paz, de la ciudad de México.
* FUENTE: AGUASCALIENTES: 46 PERSONAJES EN SU HISTORIA
GUADALUPE APPENDINI VARGAS
GOBIERNO DEL ESTADO DE AGUASCALIENTES, 1992
Referencia Información, Internet (noviembre 2004)
http://www.proa.org/exhibicion/rivera/salas/id_jose_posada_1.html
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JOSÉ
GUADALUPE POSADA
Por Diego Rivera
En México han existido siempre dos corrientes de producción de arte
verdaderamente distintas, una de valores positivos y otra de calidades
negativas, simiesca y colonial, que tiene como base la imitación de modelos
extranjeros para proveer a la demanda de una burguesía incapaz, que fracasó
siempre en sus intentos de crear una economía nacional y que ha concluido por
entregarse incondicionalmente al poder imperialista.
La otra corriente, la positiva, ha sido obra del pueblo, y engloba el total de
la producción, pura y rica, de lo que se ha dado en llamar "arte
popular". Esta corriente comprende también la obra de los artistas que han
llegado a personalizarse, pero que han vivido, sentido, trabajado expresando la
aspiración de las masas productoras. De estos artistas el más grande es, sin
duda, José Guadalupe Posada, el grabador de genio.
Posada, tan grande como Goya o Callot, fue un creador de una riqueza inagotable,
producía como un manantial de agua hirviente.
Posada, intérprete del dolor, la alegría y la aspiración angustiosa del
pueblo de México, hizo más de quince mil grabados; así lo asegura el editor
Vanegas Arroyo.
Mano de obrero, armada de un buril de acero, hirió el metal ayudado por el ácido
corrosivo para arrojar los apóstrofes más agudos contra los explotadores.
Precursor de Flores Magón, Zapata y Santanón, guerrillero de hojas volantes y
heroicos periódicos de oposición.
Ilustrador de los cuentos y las historias, las canciones y las plegarias de la
gente pobre. Combatiente tenaz, burlón y feroz; bueno como el pan y amigo de
divertirse, cuyo reducto fue un humilde taller instalado en una puerta cochera,
a la vista, pero al flanco de la iglesia de Santa Inés y de la Academia de San
Carlos.
¿Quiénes levantarán el monumento a Posada? Aquellos que realizarán un día
la Revolución, los obreros y campesinos de México.
Posada fue tan grande, que quizá un día se olvide su nombre. Está tan
integrado al alma popular de México, que tal vez se vuelva enteramente
abstracto; pero hoy su obra y su vida trascienden (sin que ninguno de ellos lo
sepa), a las venas de los artistas jóvenes mexicanos cuyas obras brotan como
flores en un campo primaveral, después de 1923.
La producción de Posada, libre hasta de la sombra de una imitación, tiene un
acento mexicano puro.
Analizando la labor de Posada, puede realizarse el análisis completo de la vida
social del pueblo de México.
Los valores plásticos que contiene la obra de Posada son todos los más
esenciales y permanentes de la obra de arte.
La composición de Posada, de un extraño dinamismo, mantiene, sin embargo, el
equilibrio más grande de los claros y oscuros en relación a la superficie del
grabado.
El equilibrio a la par que el movimiento, es la calidad máxima del arte clásico
mexicano; es decir, el pre-cortesiano.
Del arte clásico mexicano es propio también el amor al carácter y el empleo,
a la vez terrible y drolático, de la muerte, convertida en elemento plástico.
Posada: la muerte que se volvió calavera, que pelea, se emborracha, llora y
baila.
La muerte familiar, la muerte que se transforma en figura de cartón articulada
y que se mueve tirando de un cordón.
La muerte como calavera de azúcar, la muerte para engolosinar a los niños,
mientras los grandes pelean y caen fusilados, o ahorcados penden de una cuerda.
La muerte parrandera que baila en los fandangos y nos acompaña a llorar el
hueso en los cementerios, comiendo mole o bebiendo pulque junto a las tumbas de
nuestros difuntos..
La muerte que es, en todo caso, un excelente tema para producir masas
contrastadas de blanco y negro, volúmenes recientemente acusados y expresar
movimientos bien definidos de largos cilindroides formando bellos ángulos en la
composición, magistral utilización de los huesos mondos.
Todos son calaveras, desde los gatos y garbanceras, hasta Don Porfirio y Zapata,
pasando por todos los rancheros, artesanos y catrines, sin olvidar a los
obreros, campesinos y hasta los gachupines.
Seguramente, ninguna burguesía ha tenido tan mala suerte como la mexicana, por
haber tenido como relator justiciero de sus modos, acciones y andanzas, al
grabador genial e incomparable Guadalupe Posada.
Su buril agudo no dio cuartel ni a ricos ni a pobres; a estos les señaló sus
debilidades con simpatía, y a los otros, con cada grabado les arrojó a la cara
el vitriolo que corroyó el metal en que Posada creó su obra.
La distribución de blancos y negros, la inflexión de la línea, la proporción,
todo en Posada le es propio, y por su calidad lo mantiene en el rango, de los más
grandes.
Porque Posada fue un clásico, no le subyugó nunca la realidad fotográfica, la
infrarealidad, siempre supo expresar como valores plásticos la calidad y la
cantidad de las cosas dentro de la super-realidad del orden plástico.
Si es indiscutible lo que dijo Augusto Renoir: que la obra de arte se
caracteriza por ser "indefinible e inimitable," podemos decir que la
obra de Posada es la obra de arte por excelencia. Ninguno imitará a Posada;
ninguno definirá a Posada. Su obra, por su forma, es toda la plástica; por su
contenido es toda la vida, cosas que no pueden encerrarse dentro de la miserable
gaveta de una definición.
Referencia Información, Internet (noviembre 2004)
http://www.ags.gob.mx/default.asp?p=3324
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Museo José Guadalupe Posada (Aguascalientes).
Anexo al viejo y popular templo del Señor del Encino y ocupando su antigua casa curial, se aloja este singular museo dedicado a la controvertida personalidad del grabador mexicano José Guadalupe Posada. Nacido en la capital hidrocálida en el año de 1852, desde muy joven se inclinó al aprendizaje del dibujo para después trabajar como aprendiz de litógrafo en el taller de Trinidad Pedroza, quien editaba un pasquín con el nombre de El Jicote.
El interior del museo se compone de dos salas: la primera contiene una exposición permanente de la obra de Posada, ambientada con algunos de sus grabados originales, clichés (grabados en plomo a buril), zincografías (grabado sobre placa de zinc), reproducciones de otros en papel, fotografías del célebre fotógrafo don Agustín Víctor Casasola y recortes periodísticos de la época revolucionaria.
Un pequeño rincón rinde homenaje también a don Antonio Vanegas Arroyo, exhibiendo una fotografía de él y reproducciones de algunos de sus impresos que se elaboraron en su antiguo taller de la calle de la Perpetua en la ciudad de México.
Hay algunos clichés que realizó otro importante grabador contemporáneo de Posada: el maestro Manuel Manilla.
El segundo recinto se encuentra dedicado a don Manuel Manilla. Fue grabador de la imprenta de don Antonio Vanegas Arroyo, maestro y precursor de Posada y el primero en utilizar el buril llamado "de velo", de varios hilos paralelos. Se cree que su obra fue de alrededor de 500 grabados. En esta sala destaca particularmente la enorme prensa en la que acostumbraba trabajar el ilustre grabador don José Guadalupe Posada.
En este espacio existen también exposiciones temporales de diversos artistas gráficos.
El museo cuenta además con una modesta biblioteca con un acervo aproximado a los 5,000 volúmenes que abarcan temas generales.
Ubicación: Jardín
del Encino s/n, lado norte, C.P. 20000, Aguascalientes, Aguascalientes, México. Teléfono
01(449)
9154556.
Referencia Información, Internet (noviembre 2004)
http://www.mexicodesconocido.com.mx/espanol/zonas_arqueologicas_y_museos/norte/detalle.cfm?idcat=8&idsec=42&idsub=0&idpag=150
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La Prensa San Diego
January 16, 2004
Importante muestra de José Guadalupe Posada, uno de los artistas más influyentes de México
José Guadalupe Posada: Mi México 24 de enero – 4 de abril, 2004
A partir del 24 de enero del 2004, el San Diego Museum of Art presentará un gran conjunto de dramáticas impresiones por José Guadalupe Posada (1852-1913), el artista gráfico más famoso de México. Las obras en la exposición, intitulada José Guadalupe Posada: Mi México, forman parte del extenso acervo de la Colección de Jean Charlot de la University of Hawaii en Manoa, la cual es comparable a las mejores colecciones de la obra de Posada en México.
Considerado por mucho tiempo como el abuelo del arte moderno mexicano por artistas como Diego Rivera y José Clemente Orozco, los innovadores diseños de Posada cubrieron las portadas de innumerables hojas volante a finales del siglo XIX en México. Su obra vibrantemente ilustraba los encabezados en la prensa popular y satirizaban a personalidades, costumbres y eventos de la época. La prolífica obra de Posada se encausó en dos direcciones principales: la representación de circunstancias y personalidades de la vida diaria y un averno poblado por calaveras y esqueletos.
Posada es más reconocido por este último, sus esqueletos animados o calaveras. Tradicionalmente identificadas con el Día de los Muertos, Posada utilizó a las calaveras para burlarse de las clases altas, de los trabajadores y del clero. Lo que sorprenderá a los visitantes son las igualmente impactantes estampas de desastres naturales, crímenes famosos y sus hábiles interpretaciones de temas religiosos.
A pesar del prodigioso volumen de obra que realizó Posada y su impacto subsiguiente en la historia del arte mexicano, permaneció casi desconocido durante su vida. A lo largo de su carrera en la Ciudad de México, trabajó casi en el anonimato, produciendo ilustraciones para folletines que se vendían en las esquinas y en los mercados. La clase obrera urbana compraba sus obras sin saber quién era, sin embargo actualmente su fama es internacional y los mexicanos lo consideran como uno de sus artistas más importantes.
Más que cualquier otra persona, el artista francés Jean Charlot es responsable por el florecimiento de la reputación de Posada. Charlot llegó a México en 1921 durante un período de renovación cultural nacionalista después de la Revolución Mexicana (1910–1920). Después de ver las imágenes de Posada a la venta en las esquinas, persuadió al editor, Vanegas Arroyo, a que las reimprimiera, y es así como surgió su fama póstumamente. Esta exposición presenta parte de la gran colección de impresiones de Posada que Charlot donó a la University of Hawaii, donde más tarde impartió clases.
Durante los 1920 y 1930, los muralistas mexicanos como Rivera y Orozco, al igual que Charlot, buscaron una manera de conectar con el México revolucionario y crear un arte para el pueblo. Posada les ofreció un recurso visual como ninguno en el mundo del arte oficial. Había producido imágenes de relevancia inmediata, mostrando la corrupción política, los efectos de la modernización en México, y una sociedad en conflicto.
Por lo tanto, el legado del arte de José Guadalupe Posada tiene dos aspectos. Es una exhaustiva crónica satírica de su época y a la vez presenta un brillante estilo artístico que inspiró a todas las generaciones posteriores de artistas mexicanos.
La
exposición José Guadalupe Posada: Mi México fue organizada por la University
of Hawaii Art Gallery y apoyada en parte por el Hawaii State Foundation on
Culture and the Arts, la Charlot Foundation, el UH Women’s Campus Club, la
University of Hawaii Student Activity and Program Fee Board, y la Watumull Grant
for Museum Studies in the Arts.
La
presentación local se realizó en parte gracias al generoso apoyo de City of
San Diego Commission for Arts and Culture, County of San Diego Community
Enhancement Program, California Arts Council, y miembros del San Diego Museum of
Art.
Los programas y materiales en español se realizaron en parte por las contribuciones generosas de The James Irvine Foundation y la Gerald T. and Inez Grant Parker Foundation.
Referencia Información, Internet (noviembre 2004)
http://www.laprensa-sandiego.org/archieve/january04-16/posada.htm
Nota
Importante: La información
que enseguida se reproduce fue retomada del conjunto de Escritos sobre Arte Mexicano
realizados por el Maestro Jean Charlot, solamente en lo que refiere a las
referencias al trabajo del Maestro José Guadalupe Posada. Consideramos
importantes las referencias citadas en los Escritos, ya que el
Maestro Charlot junto con Diego Rivera fue uno de los principales artistas e
intelectuales que rescataron y revaloraron el trabajo de José Guadalupe Posada.
Para cumplir con
los requerimientos solicitados en la página internet de la Universidad de
Hawai, donde se tienen registrada la información de los Escritos
del Maestro Charlot, reconoceremos su procedencia en cada uno de ellos.
Escritos sobre Arte Méxicano tiene derechos
de autor (copyright), 1991-2000 por Peter Morse, John Charlot, y Dorothy Z.
Charlot
Revocable Trust.
El texto de estas páginas puede ser reproducido en su totalidad o en parte siempre que se reconozca su procedencia y la reproducción no tenga fines comerciales.
Referencia de la Información, Página Internet Home (retomada en noviembre 2004)
http://www2.hawaii.edu/~pingl/ics691/charlot-orig/uhunix/charlotescritos.html
Escritos Sobre Arte Mexicano
Jean Charlot
Editado por Peter Morse, John Charlot, y Dorothy Z.
Prólogo: José Guadalupe Posada
México, siendo un país esencialmente plástico, muy incompleto sería su conocimiento únicamente según textos y relatos. La pintura de los jarros y la de las paredes, las máscaras y los retablos lo describen mejor y más hondo que cualquier viajero; y tan desarrollado es ese gusto en el indio mexicano, que el factor principal en la venta de las obras de literatura popular es el dibujo, sea cómico, sea piadoso, sea horripilante, que las encabeza.
Presento aquí una serie de estas ilustraciones, hechas por don Guadalupe Posada para las hojas volantes de la casa Vanegas Arroyo, desde 1880 hasta 1912. Es para el etnólogo la mejor introducción al estudio de las producciones de literatura popular, y para el artista la revelación de una de las más fuertes personalidades artísticas que el mundo ha conocido. Adjunto lo que he podido averiguar de la vida de Guadalupe Posada, que fue semejante a la de tantos artesanos mexicanos; algunas aclaraciones quizá útiles a los que desconocen el medio en el cual y para el cual trabajó. Y la documentación que he podido recoger alrededor de las ilustraciones.
Es de desearse que tal trabajo no vaya a atraer sobre estas obras, por admirables que sean, la atención de los coleccionistas, los cuales, persiguiendo fines muy estériles, las podrían retirar del dominio público al cual lógicamente pertenecen. Y dedico este folleto a mis queridos compañeros, los pintores con los cuales quise resucitar el arte mexicano, el cual siempre gozó de muy buena salud.
Referencia Información, Internet (noviembre 2004)
http://libweb.hawaii.edu/libdept/charlotcoll/escritos/charlotescritos11.html
Escritos Sobre Arte Mexicano
Jean Charlot
Editado por Peter
Morse, John Charlot, y Dorothy Z.
Introducción
Si Charlot no hubiese escrito nada más, de todas maneras habría sido famoso por haber descubierto a José Guadalupe Posada, el gran artista gráfico mexicano. Su artículo "Un Precursor del Movimiento del Arte Moderno: el Grabador Posadas", publicado en agosto de 1925, destacó por vez primera a Posada como un artista. (La primera mención del nombre de Posada está en el primer artículo del ingeniero Juan Hernández Araujo, del 11 de julio de 1923). Antes de Charlot, el trabajo de Posada era conocido solamente como anónimo "folklore" mexicano. De hecho, había sido llamado por el gran Dr. Atl como arte popular. En efecto, este francés, Charlot, les decía a los mexicanos: "¡Miren! Un gigante vivió una vez entre ustedes y su nombre fue Posada". Pronto, todo México, y después todo el mundo, reconoció la verdad de este descubrimiento. Charlot continuó esta apreciación en muchos otros escritos sobre Posada y su colega, Manuel Manilla. La lista de trabajos hechos por Manilla, publicada aquí por primera vez, será de gran utilidad para que los estudiosos puedan distinguir las obras de este artista y las de Posada.
Referencia Información, Internet (noviembre 2004)
http://www2.hawaii.edu/~pingl/ics691/charlot-orig/uhunix/charlotescritos.html
Escritos Sobre Arte Mexicano
Jean Charlot
Editado por Peter
Morse, John Charlot, y Dorothy Z.
Notas sobre la Conversación con Doña Carmen Rubio de
Vanegas Arroyo.
Era de León. Era un gordote. No trabajaba en todo un mes, pero bebe y bebe y bebe tequila. Toncho, el venía [ilegible] los gr. [ilegible] en Sta. Caterina 20. Tenía su esposa, Jesucita. También era de León y cuando las inundaciones a toda su familia de ella se los llevó el agua y ella de un balcón los vio pasar arrastrados por la corriente, gritando "Hija mía sálvame, sálvame". Él era de un cuerpo regular, gordo y trigueño. Su esposa pasaba a dejarle la comida al mediodía en su taller de Sta Inés que estaba adentro de una cochera cerca de la iglesia y es ahora de bicicletas. Cuando murió, fue en el Carmen. A él yo no le hablaba, pero a su esposa sí. Era una güerita, quizá tendría como unos 30 años; y mire usted, tengo retratos de todos los que han trabajado para la casa, pero de ellos no. Toncho (don Antonio) era más bien el que le hacía grabar. Era pendiente de lo que hacía. Le decía: "Quítalo esto, hágalo esto". Yo le ayudaba. Que le daba en beber ya cuando salió abolyagado, abolyagado y me venía. También había otro Menutlo y ése tiene su hijo.
--de Doña Carmen Rubí, Vda. de Vanegas Arroyo—
Referencia Información, Internet (noviembre 2004)
http://libweb.hawaii.edu/libdept/charlotcoll/escritos/charlotescritos07a.html
Escritos Sobre Arte Mexicano
Jean Charlot
Editado por Peter Morse, John Charlot, y Dorothy Z.
Un Precursor del Movimiento del Arte Moderno: el
Grabador Posada
En México, país plástico por excelencia, las montañas, las pirámides, los jacales, los utensilios de uso diario, todo, hasta los vestidos de nobles pliegues y los juguetes familiares, son de una belleza tan sólida como la de las más clásicas civilizaciones. Transportados a este ambiente muchos valores extranjeros se desbaratan y se vuelven negativos o ridículos, como ha sucedido con las modas "tutankhamen" y la mayoría de la obra de los modernos pintores parisienses; en tanto, los valores indigentes, si es verdad que pasan inadvertidos en el medio, puestos aparte, considerados en sí, se reconocen como admirables.
La obra del grabador Guadalupe Posadas lo comprueba. Él, a través de dos mil láminas, casi todas ilustraciones de corridos de la casa Vanegas Arroyo, creó el grabado genuinamente mexicano, y lo creó con rasgos tan fuertes, tan raciales que puede parangonarse con el sentimiento estético de lo gótico o lo bizantino, pongamos por caso. Por eso mismo, por su alcance universal de obra no subjetiva, permaneció anónima.
Nada hay tan sencillo como la vida de Posadas; fue la suya la del artesano incapaz de considerar independiente su arte y su profesión, libre de las pretensiones de quienes "no hacen arte por tener la necesidad de ganar el pan". Sin embargo, tenía el admirable artífice una idea justa de su valor: en lugar prominente de su pequeño taller, situado muy cerca de la Academia de San Carlos, tenía Posadas una reproducción del Juicio Final de Miguel Ángel: reproche incisivo al supuesto dibujo exacto de la enseñanza académica, él que tan bien sabía, como el Maestro italiano, que la belleza no proviene sino de las mil imponderables deformaciones que las leyes plásticas a través del temperamento del artista imponen al modelo.
Trabajó en madera y en zinc, tallando directamente con el buril después de trazar un ligero croquis sobre la misma materia. Más tarde, inventó la zincografía, lo cual le permitía trazar a pluma su composición, transformando el dibujo en cliché con un baño de ácido. Cualquiera que fuera la técnica empleada por él nunca le sirvió de pretexto para hacer virtuosidades vanas, siendo la expresión directa su única preocupación: recreaba plásticamente su emoción, desnudando la cosa vista de sus muchas envolturas y logrando con ello un dibujo tan vital que late como un corazón en pecho abierto; justísima comparación si tenemos en cuenta los asuntos que trataba predilectamente: dramas tremendos, tragedias escalofriantes. Con semejantes temas se necesita ser un gran artista para no caer en lo pintoresco: refugio de los incapaces que no pueden emocionar por la manera de tratar sino por la literatura del asunto. Y a pesar de ello, Posadas se supo realizar.
Juzgándolo superficialmente, algunos lo consideran como el caricaturista de las clases pobres, olvidando sin duda que el espectáculo plástico de la humanidad es de caricatura aparente: ¡Pero qué subsuelo de emoción! ¿Quién se atrevería a reírse de los makimonos de esos grandes asiáticos que se llamaron Sesshou, Lian-Kai? ¿O de los darwinismos de esos grandes occidentales, Goya y Daumier? Obsérvese el grabado que ilustra estas líneas y en el cual Posadas encamina una familia de peregrinos; debajo de su transparente ironía se fermenta, expresado no sentimentalmente, sino plásticamente, un drama atroz.
Para la gente sencilla, la obra de Posadas es bella, y para los críticos acostumbrados al análisis, está llena de revoluciones. Como los primitivos italianos, exterioriza el valor del personaje por su proporción, sin apego a las leyes de la perspectiva, como lo hace en el grabado de la entrada de Madero a México, en el cual el Presidente es más grande que el público que lo aclama, y el público, a su vez, es más grande que los cocheros, quienes no tienen en el tema más que una función mecánica. Los métodos expresionistas de representación espiritual, que hoy emplea Marc Chagall, resuelven su problema en el grabado "La muerte de un General": éste yace en su lecho mortuorio, pero en lugar del cuerpo, el grabador ha utilizado incisivamente los atributos de la labor patriótica del muerto. La cortina de la alcoba se transforma en una hilera de personajes que siguen un féretro, en el cual descansa nuestro personaje del primer término, y los caballos que tiran la carroza van perdiéndose en el muro en forma de una visión.
Inventa también Posadas, y lo aplica en numerosos grabados, lo que los norteamericanos han dado en llamar "dinamic simetry", como será fácil observar en el grabado titulado "La Oración de las Muchachas que piden Marido." Posadas supo escapar en él de la simetría geométrica por desplazamiento del centro, colocando una señorona intelectual y gorda, y por la introducción, a la izquierda, de un personaje contrastante, la "mocha", casi resignada a amar solamente a Dios por falta de hombre.
Si hay mucho que aprender estudiando críticamente la labor de Posadas, cuán importante sería su conocimiento basándolo únicamente en el análisis: como la gente sencilla hay que unirse a él en espíritu y admirar la nobleza que supo descubrir en las vidas humildes. Vidas muy cerca de las criaturas espirituales que nos rodean y que desconocemos, vidas que no han perdido el sentido de lo sobrenatural: tales las vemos en sus grabados. ¡Con qué serenidad asisten a la aparición o reciben la curación milagrosa!
Otro elemento esencial de la vida indígena se encuentra en Posadas: el amor a la tragedia, a la sangre y a la muerte, no por crueldad sino porque las razas fuertes no se pueden nutrir sino de emociones fuertes. "El Hombre que se Come a sus propios Hijos," "La Mujer que echa plomo fundido en el oído de su esposo que duerme," "El Niño que nació con Cabeza de Puerco," son títulos que dan idea de los grabados, títulos risibles para la gente bien que se extasía con el incesto de Oedipus, con el hambre de Ugolino, con las witches de Shakespeare o el Quasimodo de Hugo.
Los que hablan de hacer surgir un arte nacionalista fundamentado en el arte popular e imitan sarapes de Saltillo, jarros engrecados y jícaras de Rataplán, olvídanse de que, para pintar y esculpir, hay que estudiar pintura y escultura, no decoración aplicada. Si lo hicieran así, reconocerían que México es una tierra esencialmente plástica, trágica y sobrenatural que, después de todo y a pesar de todo, ni los ballets rusos, ni el jarabe Tapatío, ni el Marqués de Guadalupe son las más legítimas manifestaciones de un arte indo-americano.
Referencia Información, Internet (noviembre 2004)
http://libweb.hawaii.edu/libdept/charlotcoll/escritos/charlotescritos08.html
Escritos Sobre Arte Mexicano
Jean Charlot
Editado por Peter Morse, John Charlot, y Dorothy Z.
José Guadalupe Posada, Grabador Mexicano
José Guadalupe Posada nació en León, Guanajuato. Llegó a México en 1888, después de las inundaciones en las cuales perdió casa y familia. Se quedó en la capital y empezó a obrar, ilustrando los corridos editados entonces por don Antonio Vanegas Arroyo.
Tenía su taller en Santa Inés, dentro de una cochera. Gordo, trigueño, con una corona de escasos pelos encanecidos y cubierto con amplia blusa blanca, así me lo describió Clemente Orozco, entonces uno de los niños que lo asediaban a la salida de las clases, ansiosos de verlo trabajar.
Grabó en madera y sobre todo en zinc, tallando directamente. Empezaba con un ligero croquis sobre la lámina, luego empujaba la gubia y ahondaba el dibujo con increíble rapidez, haciendo a veces una media docena de grabados al día. Tenía por sueldo fijo $75.00 mensuales y "en esos tiempos era sueldo de general," según me lo comentó don Blas Arroyo, el hijo de don Antonio. Posada vivió bastante para asistir a los primeros acontecimientos de esta revolución que, conscientemente, prefiguró en su obra.
Más de un detalle íntimo de su vida, como lo es la admiración que sentía este gran artista por Miguel Ángel, nos demuestra que él era perfectamente consciente de su valor. Pero no por eso se quiso desligar de sus obligaciones de clase, en las cuales encontró, bien al contrario, su mejor razón para obrar. Uno de sus grabados, "Calaveras de Artesanos", nos muestra al pintor trabajando junto a sus compañeros: el zapatero, el sombrerero, el carpintero, el sastre. Hábil obrero, incapaz de considerar como incompatibles su arte y su profesión, Posada se libró de las pretensiones de quienes lamentan no poder hacer arte por tener la necesidad de ganarse el pan. Su dominio de la técnica nunca fue pretexto a virtuosidades vanas, siendo la expresión directa e intensa su mayor preocupación. Compartía con los humildes, sus iguales, los escasos goces y los muchos sufrimientos; y por cierto, no pensaba en tomarles apuntes, pero después, a solas, recreaba plásticamente su emoción, exaltando la anécdota hacia corolarios insospechados. Para lograr esto, tuvo que romper con la tradición algo débil del grabado mexicano, hijo dócil de la imagen piadosa española, y estableció una nueva tradición, con rasgos tan fuertes, tan raciales, que pueden parangonarse con el sentimiento comunal del arte románico. Fue por su alcance universal de obra no subjetiva que sus creaciones se quedaron por años en una aceptada y noble anonimidad.
Una raza fuerte no se puede nutrir sino de emociones fuertes. Es realidad indígena el amor a la tragedia, a la sangre, a la muerte. Posada trató, por profesión y más por gusto, asuntos escalofriantes, dramas tremendos, teniendo que crearse, para no dejar de ser artista, un lenguaje plástico todavía de mayor fuerza que el tema.
"El que mató a su comadre por no consentir ella en relaciones amorosas", "El hombre que se comió a sus propios hijos", "El nahuaque", "El niño que nació con cabeza de puerco", son títulos típicos de sus predilecciones: de tales asuntos se ríe la gente refinada, la cual queda en éxtasis oyendo hablar del incesto de Edipo, de las brujas en Macbeth, del hambre de Ugolino, o del Cuasimodo de Hugo.
Entre los otros asuntos tradicionales, Posada, inyectándole un nuevo vigor, se apoderó del tema de las calaveras: el esqueleto desorganizando las escenas de nuestro mundo de vivientes, para llevar jóvenes y viejos, ricos y pobres, hacia la tumba, es tema favorito de las épocas feudales. En estos tiempos, la igualdad biológica en la muerte es la única alusión permitida a la deseada igualdad social, algo como un tribunal de justicia adonde el pueblo decreta el castigo de sus opresores. Holbein, en el Viejo Continente, hizo suya la voz popular con una seriedad algo germánica. Posada, con igual hondura, pero con una sonrisa de malicia, evoca los esqueletos de los "Científicos", con anteojos y sombreros de copa, de generales condecorados, con vistosos uniformes, de damas bien, escondiendo su horrenda calva bajo importados chapeaux, amontonamientos de flores, de encajes y de plumas de avestruz. Insiste también, y ya con cierta ternura, sobre lo efímero de la belleza femenina.
La rumba de calaveras
de todas las artesanas
modistas y costureras
como obreras mexicanas.
Este corrido canta como cantó la voz plebeya de Villon, del cual Posada, sin haberlo leído, es el mejor ilustrador.
Entre los relatos que pide siempre el gusto popular, existen los cuentos piadosos: hay milagros bondadosos como los que describen los retablos de iglesias: tristezas remediadas, enfermedades curadas. Tales relatos no atrajeron mucho a Posada; sus predecesores supieron, mejor que él, hacer irradiar la aparición consoladora, arrodillar en éxtasis miraculado. En cambio, Posada se apoderó de otro género de milagros, algo más inquietantes. Inventa con regocijo mil nahuaques y demonios, los echa despiadadamente encima de algún miserable, alumbra infiernos inauditos para su castigo. Así vemos, en el paradójico drama social del "Rico que se suicidó por envidia", cómo los siete monstruos salidos de la elegante chaqueta acometen, ávidos, en contra de su futura presa.
El relato cómico es más bien aquí algo excepcional y su buen humor se nos antoja cruel, un grotesco despiadado con matices de indignación. "El turista toreando", "Las solteras pidiendo esposos", son ejemplos maestros de esta risa feroz.
Posada es, en fin, un historiador atento de su época, el historiador más tendencioso: en los hechos que describe, los mítines antireeleccionistas disueltos por la policía, las deportaciones en masa; no esconde su sentir en favor del pueblo, y los años transcurridos, rodeando sus dibujos de imprevistos comentarios, le dan sabor profético.
De este conjunto de obras de tendencias tan diversas, hay sin embargo que señalar características constantes:
En lo espiritual, recurre el artista al uso simultáneo de emociones adversas, trata los temas serios con una risa algo ruidosa, exalta los asuntos cómicos hacia un sentido indignado o doloroso. En el terreno plástico, se afirma siempre un sentir monumental: el dibujo logra una densidad arquitectónica, los brazos, las piernas en acción establecen un número justo de diagonales, las piedras lanzadas por energúmenos se estabilizan en los puntos mismos que requiere la composición. Posada ennoblece así el dinamismo algo crudo de sus anécdotas, subordinándolo a una ley estética de valor universal.
En un momento histórico (1890-1910) en el cual tantos avergonzados de la belleza de su propia Patria no anhelaban sino disfrazarla bajo la máscara de civilizaciones europeas, Posada fue uno de los muy pocos en escoger y organizar plásticamente los valores propios de México. La larga tradición de un arte radical, para no interrumpirse, tiene que refugiarse, cuando la desdeña el "Arte Oficial", en obras populares, creaciones de vigorosos independientes. Pasado el momento de ceguedad, las recogen y ensalzan los críticos como la genuina expresión del país.
Es exacto considerar a Posada como el precursor del movimiento presente de arte indoamericano, pero esto, en justicia, no basta. Hay que citarlo también como uno de sus más altos exponentes. Meditar su caso será quizás útil cuando se habla de resucitar el arte mexicano, el cual todavía goza de muy buena salud.
Referencia Información, Internet (noviembre 2004)
http://libweb.hawaii.edu/libdept/charlotcoll/escritos/charlotescritos22.html
Escritos Sobre Arte Mexicano
Jean Charlot
Editado por Peter Morse, John Charlot, y Dorothy Z.
Cien Grabados en Madera de José Guadalupe Posada
Artistas de la generación de Orozco y de Rivera, en la pintura, y de la de Méndez y de Zalce, en el grabado, reconocen gustosos cuál es la deuda que han contraído con José Guadalupe Posada, el primer grabador popular. Aunque en verdad nunca ambicionó el título de Maestro, Posada, tan grande como fue humilde, funciona en la historia del arte mexicano como el delgado cuello de un reloj de arena, donde el pasado se metamorfosa grano por grano en el futuro. A través de la obra gráfica de Posada, una tradición tan rica como antigua tuvo que embutirse para fecundar en su turno las formas contemporáneas del arte nacional.
Por 1894, el artista (o más bien el artesano) tenía su estudio (o más bien su taller) dentro de una cochera de la calle de Santa Inés. Gordo, trigueño, con escaso pelo blanco, vestía una blusa gris o un delantal de cuero. Posada trabajaba a plena vista de los transeúntes, criadas de regreso del mercado, descansando del peso de sus canastas llenas, escolares sin prisa de llegar a la cercana primaria, estudiantes de la vecina Academia de San Carlos hartos de enfrentarse a los vaciados polvorosos de la escuela.
Aunque casi toda su obra data del reinado de don Porfirio, Posada necesitaba del consumo de la Revolución para lograr la plena justificación de sus asuntos y de su estilo. La contienda civil sopló un magno sentido contemporáneo en las escenas de rebelión que el profeta había delineado anticipadamente al filo de su buril demostraciones antirreeleccionistas frente a las cargas de la policía montada, contestando con plebeyos puñetazos, pedradas y ladrillazos, los caballazos, cintarazos y sablazos federales; los primeros sublevados, vistiendo calzoncillos y sombreros anchos, marchando al patíbulo entre líneas de flamantes rurales a caballo o bien ya colgados para escarmiento de quien pasara.
Por años, los asuntos preferidos de Posada casi no pasaron de ser líneas y sombras entintadas en papel, hasta el momento en que, iluminado por la llamarada de la Revolución, el drama pasó del dibujo a las dinámicas dimensiones de la vida real. Cual monstruosa Galatea, el ilusorio bulto plástico se tornó humano de verdad. El blanco y negro adquirió colores, el silencioso mundo de las artes gráficas resonó de disonancias sugestivas: las pistolas inermes de súbito dispararon, las cadenas y machetes crujieron, personajes que antes no eran más que siluetas, gritaron y suspiraron. Brazos erguidos para esforzar el balance de una composición o los requisitos de la simetría dejaron volar la piedra amasada en su puño, impactaron su odio en el adversario. Éste era dócil tarjeta, vistiendo el uniforme algo ridículo que don Guadalupe había ideado por él: como en los corridos, el "rico envidioso" lucía chaqueta, sombrero bombín, cuello de celuloide, bigote encerado y cadena de oro, subrayando el insolente ecuador del esférico chaleco.
La obra de Posada se divide fácilmente en tres periodos, coincidentes con los tres distintos medios que el artista favoreció en sucesión: litografía; grabado en hueco, al buril sobre metal tipográfico; y grabado en relieve, al ácido y sobre zinc. La blandura del lápiz litográfico determina la calidad de su manera juvenil, donde los provincialismos nativos revisten una delicada precisión al describir cabezones de cuerpos diminutos y ahilados, al estilo de los caricaturistas franceses de 1860. La delicadeza de los medios tonos no permite anticipar los bruscos contrastes típicos de la futura madurez del artista. Un crítico ignorante de la verdadera relación entre los dos periodos pudiera exclamar que las obras de la primera manera constituyen, en su elaboración, un obvio progreso sobre las crudezas de la segunda manera. Es verdad que ciclos estilísticos deberían desarrollarse de lo simple a lo complejo, de lo primitivo a lo barroco, y conviene pedirle perdón a la diosa encargada de reglamentar el ecuánime curso de las historias de arte por haber ordenado Posada su evolución al revés, desde la complejidad hacia una simplicidad suprema, por consciente.
Posada grabó casi todos los bloques de su segunda manera en la Capital, recibiendo por su trabajo sueldo de don Antonio Vanegas Arroyo. El hijo de don Antonio, don Blas, recuerda que era un sueldo igual al de un general, es decir, por el entonces unos noventa pesos mensuales. Entretiempo, y es un hecho de probable significación en su recorrido hacia lo arcaico, don Lupe había sufrido mucho. La señora viuda de don Antonio (la cual me llamaba con cariño bien reciprocado "El Francesito") me contaba cómo en las inundaciones de León de 1887, familiares del artista se habían ahogado, arrastrados por las aguas espumantes, delante de sus ojos, implorando: "¡Sálvenos, don Lupe!", hasta hundirse.
No se puede pasar por alto el papel que tuvo don Antonio (y los requisitos de su casa editorial) en la transformación del estilo del artista. Posada tuvo que forjarse un idioma de una elocuencia especialmente devisada para interesar a las incontables almas humildes que los opúsculos de Vanegas Arroyo constataban en el tianguis o en la feria. La ilustración debía sumar el asunto en términos lo bastante depurados e intensos para la edificación de ojos todavía más adeptos a descifrar pictogramas al estilo prehispánico que las letras del alfabeto. Piadosas, horrorosas o cómicas anécdotas, pasquines a propósito del amor, de la muerte o de la guerra, recetas de cocina o de brujería, libretos de pastorelas o misterios al estilo medieval, y con ellos el arte de Posada, llegaron hasta los más recónditos rincones de la República en la canasta del mercero o el talego del peregrino.
También la ciudad disfrutaba de su cuota literaria. La Gaceta Callejera proveía noticias tan frescas como lo permitían tipos arreglados a mano y un reportaje pictórico burilado a mano en metal. La competición mecanizada de los grandes diarios obligaba a Posada a simplificaciones algo cínicas. Un solo grabado ilustra cada sucesivo "Espeluznante Incendio" con nada más refrescar algún detalle para apegar el vetusto diseño a la verdad del día. Otro bloque, casi aplanado por el repetido uso, representa a una muchedumbre enfurecida, protestando públicamente por medio de carteles y estandartes--dejados en blanco para llenarlos con cualesquiera lemas, conservadores o revolucionarios, católicos o anticlericales, que pudieran darle matiz de novedad del día.
Cada año, para la fiesta de los Muertos, cuando niñitos afilan sus dientecitos sobre calaveras de azúcar, las prensas de Vanegas Arroyo celebraban con sus propias calaveras de papel. Bien sabía Posada conjurar los esqueletos de políticos con sombreros de alta copa y gruesos anteojos, símbolo y ornamento de los científicos; huesos de dictadores cuyas costillas se curvan bajo el peso metálico de sus gloriosas medallas; momias de coquetas escondiendo sus calvas debajo de las funerales flores artificiales de sombreros chic.
Típica de ésta su segunda manera, la línea surcada al buril, en metal la mayoría de las veces, y excepcionalmente en madera, adquiere una musculación que nunca tuvo la línea litográfica. Tales factores, la improvisación en un medio difícil, el cuidado de hablar con suma claridad para un especial público, comunican a esta parte de la obra de Posada un sabor dizque primitivo, lo cual le valió una acogida entusiasta, aunque efímera, de parte de ciertos sofisticados parisienses.
La tercera y última manera del artista coincide con el descubrimiento que hizo Posada de un medio fácil, para competir ventajosamente con el fotograbado, cuya mecánica precisión y rapidez amenazaban su arte. El grabado al ácido en relieve consiste en dibujar sobre zinc con una tinta especial, ahuecando los blancos en un baño de ácido. El único otro artista que se hizo famoso en el medio es el gran inglés William Blake, el cual, por razones económicas muy semejantes a las de Posada, descubrió el grabado en relieve porque él se empeñaba en publicar libritos de poemas a pesar de no tener lo bastante para pagar un editor.
En este medio, en vez de entintar intaglio, el metal se entinta con rollo, como si fuera grabado al buril. Pero en contraste con la línea blanca sobre negro, típica de tal manera, el resultado es una línea negra sobre blanco. En ésta, su última manera, Posada celebra con una complejidad de caligrafías y arabescas su liberación del minucioso trabajo al buril. Despojados del "primitivismo" y novedad de sus predecesores, estos últimos grabados están pasados por alto por quienes quieren ver en Posada una versión mexicana del buen aduanero francés Henri Rousseau.
Sin haberlo nunca leído, Posada fue el más grande ilustrador de los plebeyos poemas del poeta medieval François Villon. Concluido su trabajo y su obra, cuando el artista dejó para siempre los útiles de su profesión, consciente de haber encantado, horrorizado y edificado a miles de seres, nos imaginamos que no le fue del todo amarga la visita que le hizo un personaje tantas veces delineado por él, aunque nunca visto, su favorito modelo, la Muerte.
Lo más raro y exquisito de la obra de Posada son los grabados en madera, una técnica reservada para viñetas chicas o para retratar amigos o traducir del natural alguna actitud o tipo curioso. Este álbum contiene pruebas sacadas de las maderas originales, que quedan ahora en poder de la dinastía de Vanegas Arroyo. Menos teatrales que los más conocidos grabados en metal, más sencillas de asunto y simples de ideología, tales obras hacen resaltar con más claridad que la más ambiciosa parte de su obra, la maestría de un artista cuyo intenso interés en lo humano nunca fue en conflicto con un interés también intenso en las abstractas e innumerables combinaciones que sabiamente supo combinar sobre el ilustre tema del blanco y negro.
Referencia Información, Internet (noviembre 2004)
http://libweb.hawaii.edu/libdept/charlotcoll/escritos/charlotescritos29.html
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