Isabel Villaseñor

"Oaxaqueña"

Autor: Isabel Villaseñor, S/F, Técnica Litografía sobre piedra litográfica. Medidas 34 x 28  cm.

 

Isabel Villaseñor (1909-1953)

Fecha de Nacimiento(Defunción): Guadalajara Jalisco (1909-1953)

Isabel Villaseñor

Nació el 18 de mayo de 1909 en Guadalajara, Jalisco. En 1929, una vez en la Ciudad de México, estudió grabado en el Centro Popular de Pintura "Santiago Rebull", dirigido por Gabriel Fernández Ledesma, con quien después contrajo matrimonio. En 1930 completó estudios con Francisco Díaz de León. En 1931 se desempeñó como maestra misionera en el estado de Hidalgo. Ese mismo año presentó su primera exposición individual en la Biblioteca Nacional de México.
Fue compositora y ejecutante de corridos, actividad que combinaba con sus trabajos de grabado en madera y en metal. Murió en la Ciudad de México el 13 de marzo de 1953.
Alumna de una de las Escuelas de Pintura al Aire Libre. La síntesis del dibujo revela conocimiento del efecto compositivo y los valores de la línea. Un juego de aciertos logrado entre trazos rectos y curvos, con sugestivo movimiento de ejes diagonales.
La composición destaca un juego rítmico de curvas abovedadas, marcadas por los contornos de los dolientes de la "güera". Ingenuidad y humorismo, en los límites de una técnica tan antigua como sencilla en su modo de expresar. La grabadora hizo su aprendizaje en los conceptos del espontaneismo de las escuelas populares al aire libre.

Referencia Internet, Información (febrero 2005).

http://www.fomentar.com/Mexico/PintoresMex/index.php?codigo=214&inicio=202

 

Sylvia Navarrete
Isabel Villaseñor

Una iniciativa excepcional en el mundo de la edición: dos investigadoras de artes plásticas, Carmen Gómez del Campo y Leticia Torres Carmona, financiaron su propio libro y lo publicaron por sus propias pistolas. El volumen se titula En memoria de un rostro. Isabel Villaseñor (editorial LOLA de México y Xul, 1997) y está dedicado a aquella artista semiolvidada, esposa del reconocidísimo grabador Gabriel Fernández Ledesma, ella también grabadora, autora de corridos y protagonista de la película inconclusa ¡Qué viva México!, de Eisenstein (1931). Mal recordada, Isabel Villaseñor lo es porque dejó una obra poco abundante, que sin embargo tuvo su peso en la cultura mexicana posrevolucionaria y que, retrospectivamente, ofrece un terreno fecundo de reflexión.

¿Por qué ambas investigadoras decidieron hacer una edición de autor, capaz de arruinar cualquier bolsillo? Simplemente por no resignarse a que su libro se publique en las calendas griegas. En efecto, la institución en la que trabajan y auspició su investigación, el Centro Nacional de Investigación, Documentación e Información de Artes Plásticas (Cenidiap) del Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA), no publica sistemáticamente los proyectos de sus miembros por cuestiones de presupuesto y por la calidad variable de esos productos; cuando lo hace, es a plazo más o menos largo. Otra razón fue aprovechar la coyuntura, ya que se aproxima una exposición sobre Isabel Villaseñor, para la cual no se solicitó la asesoría de ninguna de las dos especialistas en la obra de la artista.

Este libro escrito al alimón partió del archivo privado de Isabel Villaseñor que su hija, Olinca Fernández Ledesma, facilitó para que se microfilmara y conservara en el Cenidiap. Las autoras no quisieron hacer una biografía clásica ni tampoco un texto de divulgación. De hecho, la idea del libro tomó forma en el seminario ¿Cómo pensar el hecho artístico?, dirigido por María Inés García Canal en el Cenidiap, y el producto final es la prolongación de ese seminario. El texto podría calificarse de ``ensayo poético justificado filosóficamente'', oscila entre la teoría sicoanalítica y la estética, y deja de lado, adrede, el comentario biográfico y el análisis formal.

En esta propuesta inusual de interpretación, las autoras articulan los resortes de la obra de Isabel Villaseñor mediante ``palabras-nudo'', como califica Francisco Reyes Palma las seis secuencias del ensayo. La vocación de Villaseñor obedece primero al don de la escritura (la palabra) que hereda de su abuela paterna, de quien su familia la considera la rencarnación.

La adolescente escribe poemas tiernos y convencionales y letras de corridos (la voz), hasta que se independiza de su familia y ``se quita la mordaza''. En 1928 se inscribe en el Centro Popular de Pintura que dirige Gabriel Fernández Ledesma, según los criterios de enseñanza progresista de las Escuelas al Aire Libre fundadas poco antes. Allí practica el grabado en madera con temas prosaicos y escenas de corridos populares (la imagen). Produce retratos y también autorretratos que, junto con su papel de indígena en la película de Eisenstein, contribuirán a forjar el arquetipo de la mujer mexicana (el rostro).

En esos años, Isabel Villaseñor expone con el grupo ¡30-30!, pinta un mural en una escuela de pueblo en Hidalgo, trabaja como maestra rural y se casa con Fernández Ledesma. En 1934 muere su primer hijo. Esta tragedia repercute en la obra: deja el grabado en madera por la impresión en vidrio o monotipo, se obsesiona por el tema de la maternidad y dibuja figuras sin rostro (el silencio). Desde entonces, la obra refleja la ausencia y el vacío hasta agotarse. Isabel se va retirando, sólo escribe letras de corridos para sus amigos y pinta una que otra acuarela o piroxilina (el secreto) y tiene a su hija Olinca. Muere en 1953 de un infarto.

Hay una buena dosis de drama en la vida de Isabel Villaseñor. En ese aspecto, el libro es púdico y evita ahondar en la leyenda negra del personaje (propagada en buena medida por Lola Alvarez Bravo, quien odiaba a Fernández Ledesma y lo acusó de haber matado a fuego lento a su esposa depresiva). Con todo, el libro resulta poco acogedor y algo frío. No emociona, tal vez debido al enfoque analítico bastante denso, a una narración apretada y atiborrada de referencias a Foucault, Deleuze, Derrida, Lyotard, etcétera, y a giros poéticos que no ayudan a la comprensión del contenido. Muchos lectores se quedarán con las ganas de conocer concretamente la obra de Villaseñor. Sin embargo, la propuesta teórica es válida e interesará a un público académico especializado.

En memoria de un rostro es un pequeño libro de muy digna calidad visual (lo diseñó Germán Montalvo y lo imprimió Madero). Estupendamente ilustrado con reproducciones de obra en blanco y negro y a color, contiene una buena selección de retratos fotográficos de la hermosa Isabel Villaseñor. Uno de ellos es el famosísimo Retrato de lo eterno de Manuel Alvarez Bravo, que la representa de perfil peinando su larga cabellera en un sobrio recorte geométrico de luces y sombras. Los hay también firmados por Lola Álvarez Bravo y otros anónimos, así como algunos stills de la película de Eisenstein. Se podría reprochar a las autoras mencionar los poemas y los corridos que escribió Isabel Villaseñor sin reproducirlos en su ensayo. Una ficha biográfica tampoco hubiera salido sobrando.

Referencia Internet, Información (febrero 2005).

http://www.jornada.unam.mx/1997/oct97/971028/sylvia.html

 

Angeles González Gamio
Mujer de excepción

El movimiento revolucionario iniciado en 1910 tuvo como uno de sus efectos trascendentes el surgimiento de un fuerte sentimiento nacionalista que se reflejó en todos los aspectos. No está de más recordar el libro que escribió en 1915 Manuel Gamio, titulado Forjando patria-Pro Nacionalismo, del que Alvaro Obregón, a la sazón presidente de la República, le escribió al autor: ``Me dediqué a la lectura de su libro Forjando patria y habiéndolo terminado y encontrado en él un estudio profundamente científico del verdadero origen de nuestros males, he querido dirigirme de nuevo a usted para felicitarlo con toda sinceridad y manifestarle mi pena porque a su obra no se le da la circulación que yo deseara para que fuera conocida de todos los hombres que saben leer en esta República''.

En el libro, además del estudio y diagnóstico de los problemas, Gamio plantea soluciones, de manera sobresaliente el reconocimiento de nuestra raíz indígena, como elemento esencial para forjar una auténtica identidad nacional. Estos pensamientos, junto con los de otros destacados intelectuales que compartían estas ideas, tuvieron gran influencia en diversos aspectos de la vida del país, entre otros en el arte; baste recordar el muralismo, la música de Revueltas, Moncayo y Blas Galindo y la literatura de la Revolución.

Dentro de esa mística surgieron mujeres que, rompiendo con los cánones tradicionales, incursionaron en las artes y se vistieron orgullosas con atuendos autóctonos. Una de esas mujeres fue Isabel Villaseñor, Chabela para los amigos. Escritora, compositora, intérprete, pintora, grabadora, fue todo a la vez. En palabras de Juan Inés Abreu, Chabela ``siente el arte como algo íntegro: no hay en él especialidades; como expresión, todo parte de un mismo tronco''.

Oriunda de Guadalajara, en donde nació en 1909, escribió corridos que ella misma cantaba en las tertulias. Talentosa para el arte pictórico, realizó dibujos y grabados que expresaban sus preocupaciones sociales y su ternura. Fue quizás la primera mujer que pintó un mural, conjuntamente con Alfredo Zalce, en la Escuela Rural Federal de Ayotla, en el año 1929, cuando contaba con escasos 20 años de edad.

Alumna del artista Gabriel Fernández Ledezma, se casó con él en 1933 y tuvieron una hija. De una melancólica belleza mestiza, fue modelo de José Chávez Morado, Angelina Beloff, Fernando Leal, Juan Soriano, Alfredo Zalce, Olga Costa, Raúl Anguiano, Frida Kahlo, Manuel y Lola Alvarez Bravo y los extranjeros Enrique Gutmann y Grigory Alexandrov.

Como es de suponerse, fue musa preferida de su marido, Fernández Ledezma, quien la pintó, dibujo y fotografió innumerables veces.

Su imagen y personalidad impactaron al afamado cineasta Sergei Eisenstein, quien había filmado en Rusia El acorazado Potemkin y quería plasmar con el mayor realismo el México posrevolucionario. Invitó a Chabela a participar en la película, en la cual personificaría a una indígena con rebozo y luciría sus hermosas trenzas.

Su inquietud social la materializó trabajando como profesora misionera adscrita a la Secretaría de Educación Pública. La cristalización de su actividad pictórica se dio en la exposición que presentó en 1930 en el vestíbulo de la Biblioteca Nacional de México. De la obra Diego Rivera dijo: ``...Sus dibujos tienen sutileza y fuerza. Y no es fácil olvidar lo que graba con la punta de acero. También ha sabido revolver colores, el cemento y la cal para decorar la fachada de una escuela... En su plástica está ya encerrado lo acerbo de la vida, bajo la expresión delicada''.

Una visión de este personaje, su vida íntima: cartas, rebozos, aretes, fotografías familiares y de su obra; dibujos y grabados, así como los retratos que le hicieron los artistas mencionados se pueden admirar en la excelente exposición que organiza la Secretaría de Hacienda, en el soberbio Palacio del Arzobispado, bajo la dirección de Juan Inés Abreu, protagonista cercana, ya que Chabela fue amiga de sus padres, el destacado intelectual Ermilo Abreu Gómez y esa mujer creativa, sensible y amada por todos que fue Ninfa Santos. Esto nos explica la intimidad que guarda esta muestra, que nos revela el alma del México posrevolucionario, a través de la de Chabela Villaseñor, mujer de avanzada y amante de su país.

Un buen lugar para recordarla es la Fonda del Hotentote, homenaje a ese adorable pintor popular cuya obra decora el lugar y que fue amigo de Chabela. La preciosa casita virreinal, ubicada en Las Cruces 40 --con un seguro estacionamiento al lado-- ofrece la mejor comida mexicana de la ciudad. Por cierto, abre los domingos.

Referencia Internet, Información (febrero 2005).

http://www.jornada.unam.mx/1999/jul99/990718/gonzalez.html

 

 

Referencia Bibliográfica.

1907-1993. Lola Álvarez Bravo. Raquel Tibol
Publicado en Ser y ver / Mujeres en las artes visuales,
Plaza y Janés, México, 2002, pp. 71-86.

Otra modelo muy querida por Lola fue la pintora, grabadora y maestra misionera Isabel Villaseñor (1909-1953), quien al igual que ella y María Izquierdo había nacido en Jalisco. Chabela, como siempre la nombraron, había sido descubierta para la imagen cinematográfica por Sergei M. Eisenstein, quien le hizo interpretar el papel de María en el episodio “Maguey” de la película ¡Qué viva México!, en 1931. Lola Álvarez Bravo compuso en 1941, en Chachalacas, Veracruz, con el bello cuerpo de Chabela enfundado en un amplio camisón blanco, su largo cabello oscuro cayendo en cascada, el rostro mestizo echado hacia el cielo, un tronco caído y una empalizada, la fotografía El ensueño, suave metáfora erótica de la joven mujer poseída por la luz. Notable también es un retrato que le hizo en 1947 y que fue reproducido en el catálogo 45 autorretratos de pintores mexicanos, siglos XVIII al XX, presentada en el Palacio de Bellas Artes.

En el primer aniversario de la prematura muerte de Chabela Villaseñor, en marzo de 1954, la Galería de Arte Contemporáneo presentó una exposición de homenaje, comentada, entre otros, por Pablo Fernández Márquez:

En la galería de Lola Álvarez Bravo, esa mujer excepcional por tantos motivos, se han celebrado ya algunos actos importantes dedicados a la obra de mujeres artistas. Siempre recordaremos con emoción aquel momento solemne en que, no hace mucho tiempo, Frida Kahlo entró en el recinto de Amberes sobre la camilla de hospital, para recibir uno de los más cariñosos y entrañables homenajes que persona alguna pueda recibir de sus amigos personales y de los entusiastas de su arte. El acto del 15 del actual, en la misma galería, si por tantos motivos se asemejó a aquél, se diferenció esencialmente en la ausencia de la heroína. Homenaje póstumo y ausencia corporal, que la obra y el espíritu de la mujer artista, de exquisita sensibilidad, estaban allí, seduciendo a las gentes con la misma donosura y los mismos encantos con que los atrajo en vida. (El Nacional, marzo 28, 1954.)

Junto a gouaches, monotipos, grabados y pinturas de Chabela, Lola reunió los retratos hechos a la amiga tanto por ella como por Manuel Álvarez Bravo, Alfredo Zalce, Angelina Beloff, Raúl Anguiano, Juan Soriano, Gabriel Fernández Ledesma y otros. Lola demostraba una vez más que en la Galería de Arte Contemporáneo se sabía rendir culto a la amistad.

Referencia Internet, Información (febrero 2005).

http://www.cuartoscuro.com.mx/58/art1.html

      

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